sábado, 21 de março de 2015

Conferência. Descobrimentos dos Portugueses (anteriores a Colon). Oliveira Martins. «Y así como á la sombra de las ya remotas medidas defensivas vimos nacer y crecer la vida del litoral, así ahora vemos esparcirse rápidamente las navegaciones…»

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Ateneo de Madrid. Navegaciones. 24 de Fevereiro de 1892
Señores:
«(…) Á los normandos se unieron los árabes vecinos, desde que, á partir del siglo VIII, la espada victoriosa de Alfonso I expulsó á los moros para el sur del Vouga, y claro es que en tales condiciones, ni la pesca, ni el cabotaje, esos dos primeros rudimentos de la navegación, podían medrar. Es lícito afirmar sin recelo que, tomando este momento como punto de partida, asistimos al primitivo desarrollo del movimiento que nos ha de dar como expansión culminante, los viajes épicos de Colón, de Gama y de Magalhaes. El primer momento de la reacción, la primera simiente, la vemos cuando, reconquistada la Galicia y con ella Oporto, el obispo de Compostela, Diego Gelmires, inicia la organización de fuerzas navales que resistan á la piratería de los moros, assoladora en toda la costa, desde Sevilla hasta Coimbra, ab Hispali usque ad Cohimbriam, como dice la Historia Compostelana. El obispo Gelmires contrató genoveses, porque los italianos ejercían en esas épocas el papel que en la antigüedad los griegos y los fenicios habían tenido. Eran los hombres de mar, conocedores de sus secretos, domadores de sus caprichos. Eran los pilotos que habían, á través del Mediterráneo, llevado á buen puerto la primera cruzada en el año de 1096. Eran, como la crónica dice, optimi navium artífices, nautaeque peritissimi: eran los primeros marineros y constructores navales.
Efectuada la separación de Portugal, consumada la conquista de la línea del Tajo, y después del Sado, con la toma de Lisboa y de Alcacer, la nueva monarquía portuguesa, desde sus primeiros momentos, reconoce que, habiéndola cabido en el reparto la zona litoral del occidente hasta el Algarve, esto es, hasta donde esa zona termina, su fuerza, su destino y la primera urgência era poseer una marina, no para defensa solamente, como la del obispo de Compostela, sino también para consumar la reconquista en la parte meridional del reino. Así el destino necessário del pueblo portugués se acentuaba pronto en las condiciones de su emancipación política, al mismo tiempo que las Cruzadas, restableciendo la navegación internacional de los mares del Norte hacia el Mediterráneo, y viceversa, mostraban la importancia excepcional de los dos grandes puertos de la costa portuguesa: Oporto y Lisboa. Vese, pues, señores, que aunque no hubiese aún marina militar organizada; aunque los cruzados y sus armadas fuesen nuestros auxiliares constantes, ya también por mar se iba repitiendo la lucha duramente peleada en tierra. Y cómo podría suceder esto, si no hubiese ya en las ciudades y villas marítimas una población activa y barcos numerosos? Los había, y ya en frente de la costa lusitana los pescadores singlaban en el mar, y ya las comunicaciones entre los varios puertos eran frecuentes. En Oporto pescaban la ballena, que aun entonces habitaba nuestros mares; en el Algarve pescaban el coral, y el atún en armazones de almadrabas construidas por maestros sicilianos y genoveses. Estas pesquerías de Lagos fueron el principal vivero donde, un siglo después, el infante Enrique reclutó el personal de sus expediciones.
Era natural, por tanto, que los reyes de nuestra primera dinastia quisiesen consolidar en el mar una fuerza que ya entonces, después de consumada la reconquista, era completa en tierra. Habia colonias de pescadores y marineros, había barcos, había mar; pero faltaba quien en ese mar supiese navegar y combatir, y quien supiese construir navios. Para la defensa y colonización de la tierra habían los reyes multiplicado las donaciones á naturales y extranjeros, llamando las órdenes monásticas militares internacionales y repitiendo los señoríos hereditarios. Pero el mar no había quien lo defendiese y explorase; y la idea de repetir sobre él lo que se practicaba sobre la tierra, debía ocurrir obviamente. Había que conceder la frontera del Océano. Fué lo que se hizo, en tiempo del rey Diniz, contratando el almirantazgo, como entonces se decía á la moda árabe, con elgenovés Pessaña. Dos siglos después, el Rey de Portugal, repetia lo que hiciera el obispo de Compostela, Gelmires. Y así como á la sombra de las ya remotas medidas defensivas vimos nacer y crecer la vida del litoral, así ahora vemos esparcirse rápidamente las navegaciones. Hay ya en Oporto un comercio activo con la Flandes; ya se envía sal á Francia. Celébrase el tratado que Lisboa y Oporto pactan, por cincuenta años, con Eduardo III de Inglaterra para la pesca en los mares de los dos países. Se mandan plantar las dunas de la costa, creándose el vasto pinar de Leiria, aun hoy propiedad nacional, para abastecer los arsenales ó taracenas establecidas, tanto en Lisboa, como en Oporto». In Oliveira Martins, Conferência, Descobrimentos dos Portugueses (anteriores a Colon), Navegaciones, 1892, Ateneo de Madrid, Establecimiento tipográfico Sucesores de Rivadexeyra, Impresores de la Real Casa, 1892.

Cortesia de ETSRivadexeyra/JDACT